jueves, mayo 03, 2007

Regla del Carmen: Fiha 3
Relectura de la regla del Carmen hoy en América Latina

Juventud Carmelita Ecuatoriana, Jucae

La Regla del Carmen:

Perspectiva, Espiritualidad y Relectura

Compilación y adaptación: Juan Arias Luna ocd

Ficha 3:

Relectura de la regla del Carmen hoy en América Latina

3.1. El contexto para la relectura de la Regla desde América Latina.

a) El contexto socio-cultural y eclesial

Para poder comprender la relectura que hoy hacemos de la Regla en América Latina, es necesario conocer sumariamente los grandes desafíos de esa realidad, tanto en el campo social como eclesial. Ellos aparecen descritos en los documentos de tres grandes Asambleas del Episcopado Latinoamericano y en el reciente Sínodo para América, celebrado en 1997.

La Segunda Asamblea General del Episcopado Latinoamericano, celebrado en Medellín, en 1968, subrayó el compromiso con la liberación integral de los hombres y mujeres de un continente creyente y oprimido. La Tercera Asamblea, celebrada en Puebla (1979) insistió en la opción preferencial por los pobres, y Santo Domingo (1992) en la participación.

b) Los grandes desafíos latinoamericanos

Los grandes desafíos de la realidad social son, entre otros, la acentuación de la injusticia en la globalización económica y en los medios de comunicación la solidaridad como camino hacia la paz y el desarrollo; la defensa de los valores y la diversidad de las culturas.

Los desafíos de la realidad eclesial son, sobre todo, la tensión de la unidad en el pluralismo; diversos proyectos para recuperar la identidad eclesial; el conflicto entre los diversos modelos de Iglesia; la opción preferencial por los pobres; el desafío de una nueva evangelización , el desafío del regreso de la Biblia al pueblo; el desafío de la teología y de la espiritualidad de la liberación; el desafío del creciente protagonismo de los laicos (hombres y mujeres) en la evangelización

c) La Iglesia en América Latina

En el Sínodo para América (1997) se tomó conciencia de los problemas globales: la relación conflictiva norte-sur, las amenazas de la globalización y de la ideología liberal, el peso de la deuda externa sobre los países pobres, problemas explosivos como el narcotráfico, la violencia, la corrupción, el armamentismo. Situaciones que afectan el conjunto de América como el empobrecimiento masivo y las migraciones.

Se tomó conciencia de los desafíos actuales de la Iglesia a nivel continental: la inculturación del evangelio, la evangelización urbana, la renovación de la parroquia y del ministerio presbiteral, el potencial evangelizador de los jóvenes, la multiplicación de los carismas y ministerios de los laicos, los nuevos movimientos apostólicos, el uso de los medios de comunicación, la renovación de la religiosidad popular y la apertura moderna hacia lo trascendente, la necesidad de responder a los nuevos movimientos religiosos y a las sectas.

De manera especial se subrayó la importancia de tener presente a los sectores más amenazados por el sistema de globalización de corte neoliberal: indígenas y afro-americanos, jóvenes expuestos al desempleo y a la droga. Se habló de la violencia, de la crisis de la familia, de los problemas ecológicos, de las amenazas a la vida humana y a la naturaleza.

Se reafirmaron los compromisos pastorales del postconcilio: opción por los pobres, CEBs, participación de los laicos en la vida de la iglesia, la vida religiosa inserta, una nueva espiritualidad, el profetismo, el testimonio abundante de mártires, la lectura de la Biblia a partir de la realidad de los pobres.

Se insistió en una Iglesia que se encuentra con Jesucristo vivo como camino para la conversión, la comunión y la solidaridad.

3.2. Algunos aspectos fundamentales de la Regla releídos desde América Latina.

a) "Vivir en obsequio de Jesucristo, sirviéndole lealmente con corazón puro y buena conciencia"

Esta primera norma de la Regla, que es la norma última de toda vida cristiana, nos va impulsando a un seguimiento de Jesús como liberador, que nos lleva a tratar de servirlo continuando su práctica liberadora. En la situación de exilio y opresión que viven las mayorías creyentes de América Latina, Cristo aparece como el liberador de todo pecado personal y social; como aquel que se coloca del lado de los excluidos del sistema; como aquel que niega y combate las divisiones creadas por los seres humanos y combate los males que deterioran su existencia proponiendo un nuevo orden que tiene como centro el amor a Dios y al prójimo. El mismo se compromete con ese proyecto del Padre obediente hasta la muerte.

El seguimiento de Jesús se da en la historia y haciendo la historia de salvación. Jesús no se presentó ni actuó como revolucionario o líder político. Sin embargo, su mensaje religioso-pastoral genera un dinamismo de cambios sociales para su época y para toda la historia por venir. El acercamiento al Jesús de la historia es grandemente iluminador. El modo como él asumió su tarea evangelizadora nos ayuda a ver cómo debemos realizar esa tarea hoy en nuestras situaciones. Es allí precisamente donde debemos vivir "en obsequio de Jesucristo". Esto nos exige una comunión de vida y de destino con Jesús que da un nuevo sentido a la cruz y al sufrimiento, que llevan a solidarizarse con aquellos que son crucificados en el mundo, con los que sufren violencia, son empobrecidos, deshumanizados, ofendidos en sus derechos. El vivir auténticamente "en obsequio de Jesucristo" implica trabajar para que haya un mundo abierto a Dios en el amor, la paz y la fraternidad. Exige denunciar situaciones que generan odio, división y ateísmo en las estructuras, valores, prácticas e ideologías.

En la relectura de esta primera norma de la Regla los carmelitas de América Latina sentimos la exigencia de seguir a Jesús en la historia. No sólo en nuestro interior, sino en la conflictividad de nuestro hoy y aquí, a la luz de una nueva comprensión del sentido y de los alcances de la nueva evangelización. Se trata de un seguimiento contemplativo, porque el seguimiento de Jesús es un don y la oración-contemplación nos lleva a acogerlo en una experiencia personal y profunda. Vivir "en obsequio de Jesucristo" trae consigo el compromiso de seguir a Jesús en el servicio del prójimo, ya que El hizo del amor al prójimo el signo de identidad cristiana. Y, finalmente, "vivir en obsequio de Jesucristo" exige llevar la cruz con la certeza de la resurrección en un esfuerzo por identificarnos con su vida y con su destino.

b) "Permanezca cada uno en su celda, o en las proximidades, meditando día y noche la ley del Señor y velando en oración"

La Regla nos invita a vivir a la escucha contemplativa de la Palabra de Dios. Esto nos ha planteado como carmelitas en América Latina la cuestión de cómo vivir y ayudar a vivir la Palabra de Dios en nuestras circunstancias socio-eclesiales.

Seguir a Jesús supone conocer todo su misterio y retraducirlo experiencialmente en nuestro hoy. Para lograr esto hay que permanecer personal y comunitariamente a la escucha de la Palabra de Dios en la Escritura y en la vida, para centrarse en Dios como el único absoluto con una oración-actitud de vida, que lo descubre presente en las personas y en los acontecimientos. En América Latina, uno de los signos de los tiempos ha sido el regreso de la Biblia al pueblo, que ha ido aprendiendo a conectar Biblia y vida y a leer la Escritura "para iluminar desde la Palabra de Dios su propia realidad personal, comunitaria y social"..

En la experiencia carmelitana se ha tratado de realizar una "lectio divina carmelitana" que lleve a vivir la experiencia de que "a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues 'a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras”.

El precepto de la Regla de meditar día y noche en la ley del Señor y de velar en la oración está siendo para nosotros en América Latina el punto de arranque para ser testigos y servidores de la Palabra y, al mismo tiempo, para testimoniar la presencia de Dios en el corazón del mundo. Encontramos allí un desafío para vivir una contemplación comprometida, es decir, a ser contemplativos en la oración y en el trabajo de evangelización. Tenemos, a partir de la Regla el reto de adquirir una experiencia de Dios en la historia y en los hermanos que dé sentido a los "tiempos fuertes" de oración: momentos de mayor conciencia de la presencia del Señor, fuente de creatividad evangélica, espacio interior para en encuentro personal e íntimo con el Señor. La oración, como actitud de vida, lleva a descubrir el rostro de Dios en la realidad en conflicto, en los problemas sociales, en la angustia de los pobres en los que hay que "reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela". .

La fidelidad a la oración contemplativa lleva a captar gradualmente lo que Dios quiere y a abrirse con disponibilidad y entrega a su designio de salvación. Así se va logrando síntesis integradora entre fe y vida, oración y acción, contemplación y compromiso.

Estos nuevos senderos evangelizadores que el Espíritu abre nos conducen a vivir nuestra oración contemplativa carmelitana de tal forma que anime y purifique nuestra vida. De este modo se hará posible construir nuestro diálogo orante con el Señor con todo lo que implica el trabajo por una evangelización liberadora: anhelos, esperanzas, fatigas, desilusión, conflictos, incoherencias, debilidades, egoísmo, búsqueda de prestigio personal. Eso favorece también un discernimiento orante de la voluntad de Dios a la luz de su Palabra y de los signos de los tiempos y de los lugares; a una oración comunitaria en la que se comparte la experiencia de Dios y se confiesan los fallos y se mantiene un dinamismo permanente de conversión.

Este redescubrimiento de la contemplación cristiana está en la línea de nuestros grandes místicos que no la redujeron nunca al ámbito intelectual, sino que la orientaron evangélicamente al servicio concreto y eficaz del prójimo: "obras quiere el Señor". El ideal es llegar a hacer de la oración motivo de la vida diaria y del trabajo; ir creciendo en una actitud de alabanza y agradecimiento al Señor; madurar en la fe, perseverar en la esperanza activa, profundizar en un amor cada vez más genuino y eficaz..

Los carmelitas en América Latina, a la luz del precepto de la Regla de velar en la oración sentimos la exigencia de crecer en la dimensión contemplativa; de vivir la oración y educar para ella, recogiendo en la plegaria el clamor del pueblo que pide justicia y que busca sin descanso el rostro de su Dios liberador. Junto con muchos "creemos que la contemplación cristiana da sentido a la vida y a la historia, aún en los fracasos, e impulsa a aceptar la cruz como camino de liberación". En otras palabras, el servicio evangelizador auténtico no se puede llevar adelante hasta sus últimas consecuencias si no somos radicalmente contemplativos, capaces de manifestar en el servicio a los demás la autenticidad de nuestra contemplación. Esta nos comunica "aquella libertad de espíritu tan preciada y deseada que tienen los perfectos, adonde se halla toda la felicidad que en esta vida se puede desear; porque no queriendo nada, lo poseen todo. Ninguna cosa temen ni desean en la tierra, ni los trabajos las turban, ni los contentos las hacen movimiento".

c) "Construid ... en medio de las celdas el oratorio, donde habéis de reuniros cada mañana para participar en la celebración de la misa ... los que saben rezar las horas canónicas con los clérigos, las recitarán conforme a las disposiciones de los santos Padres y a la costumbre legítima de la Iglesia".

A la luz del Vaticano II que renovó la Liturgia y que presentó la comunidad cristiana reunida en el nombre del Señor alrededor de la Eucaristía, la interpretación vital de estas indicaciones de la Regla se ha enriquecido con nuevos horizontes.

"Ante todo la Eucaristía, que contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres', corazón de la vida eclesial y también de la vida consagrada" es medio fundamental para alimentar eficazmente la comunión con el Señor.

En América Latina se subraya de modo particular que la Eucaristía es "una gracia fraternal para la comunidad que celebra: es la renovación del amor y de la entrega de Cristo al Padre y a los hermanos, que arrastra consigo a toda la comunidad en esta entrega. La eucaristía no sólo nos transmite la vida de Cristo: en ella comulgamos realmente con Cristo mismo, que transforma nuestra vida en la de El.

Este enfoque de la Eucaristía y de la Liturgia trae consigo necesariamente una conexión entre ellas y la vida. Aparecen como la Palabra de Dios celebrada en la esperanza, después de haber sido acogida por la fe y con el compromiso de vivirla en el amor. Existe un dinamismo de continuidad entre liturgia y vida. La presencia de Cristo y del Espíritu en las celebraciones se percibe viva y exigente para el "después" de la liturgia.

La exigencia litúrgica de la Regla se ve desde esta perspectiva en el Carmelo latinoamericano, como una ocasión para "un encuentro con Dios y los hermanos, banquete y sacrificio realizado en la Eucaristía, fiesta de comunión eclesial, en la cual el Señor Jesús, por su misterio pascual, asume y libera al Pueblo de Dios y por él a toda la humanidad y su historia... La liturgia es también fortalecimiento en el peregrinar, a fin de llevar a cabo, mediante el compromiso transformador de la vida, la realización plena del Reino según el plan de Dios"..

La celebración Liturgia de la Horas, por su parte, ha ido desplegando sus potencialidades a partir del nuevo acercamiento a la Palabra de Dios y a un mayor conocimiento de la riqueza de la oración sálmica que se trata de leer con Israel, con Jesucristo y con la vida.

Por todos estos motivos, la ordenación litúrgica de la Regla ha adquirido una mayor fuerza y se ha transformado en una celebración de la fe "como encuentro con Dios y con los hermanos, como fiesta de comunión eclesial, como fortalecimiento en nuestro peregrinar y como compromiso con nuestra vida cristiana" y religioso-carmelitana.

d) "Guardad ayuno todos los días, menos los domingos, desde la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz hasta el día de la Resurrección del Señor, a no ser... Observad la abstinencia de carne, a menos que".

El ayuno y la abstinencia prescritos por la Regla, con el sentido humano de la excepción, no eran otra cosa que un compromiso con la abnegación evangélica y con la ascesis cristiana. Vistos así siguen teniendo una vigencia orientadora, que debe releerse a partir de las diversas situaciones socio-culturales del mundo moderno.

En la situación de América Latina, el elemento ascético de la espiritualidad cristiana es considerado más en conexión con la vida que en relación a las prácticas ascéticas, siempre oportunas y necesarias. En este contexto, el Carmelo está llamado a releer las prescripciones de la Regla, es decir, a vivir la ascesis en las renuncias que implica el trabajo de una evangelización que, como decía Paulo VI, debe estar en conexión necesaria con la promoción humana, el desarrollo y la liberación. Es un trabajo que exige renuncias y vencimientos continuos espirituales y físicos, especialmente cuando se vive en ambientes de pobreza y marginación. Por otro lado está abierto a la incomprensión y persecución que ponen a prueba la esperanza activa.

Hay que vivir la ascesis como parte del seguimiento de Jesús. De este modo la ascesis propicia el crecimiento en la fe, la esperanza y el amor. Otra forma de abnegación evangélica y de ascesis que el compromiso evangelizador desde la opción preferencial por los pobres ha ido ayudando a descubrir y asumir es la de aceptar las propias limitaciones e incoherencias personales y a abrirse a la corrección y a las críticas que otros hacen, con una actitud de paz y madurez espiritual.

En esta misma línea de la ascesis se comienza a vivir también el respeto por la ecología como dimensión social de la misma. Se trata de denunciar y evitar una explotación de la naturaleza para enriquecimiento y poderío, sin interesarse por otros grupos humanos de hoy y de mañana, sometiendo la creación con una orientación antropocéntrica y con proyección social. Con esa "ascesis ecológica" se trata de abrir un camino a una espiritualidad que nace de una vida sencilla y sobria y que ponga de relieve la superioridad de la persona humana sobre la naturaleza. A un nivel social compromete en el trabajo por la justicia social en las relaciones nacionales e internacionales. .

e) "Por coraza vestíos la justicia, a fin de amar al Señor, vuestro Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y al prójimo como a vosotros mismos".

Fiel a lo esencial, la Regla no podía dejar de recordarnos lo que sintetiza toda la ley y los profetas: el amor a Dios y al prójimo.

El amor a Dios no es otra cosa que la respuesta confiada y llena de fe a su amor de iniciativa. Esta respuesta lleva a cumplir la voluntad del Padre, revelada en Jesucristo y descubierta bajo la acción del Espíritu en los signos de los tiempos y de los lugares. Este amor a Dios no puede separarse del amor del prójimo, ya que no es posible amar a Dios a quien no vemos si no amamos al prójimo a quien vemos (cf. 1 Jn 4,20).

En la espiritualidad cristiana siempre se ha hablado de la centralidad del amor. Las enseñanzas de Jesús y de todo el Nuevo Testamento son el fundamento de esa convicción. Ahora bien, la forma concreta de comprender las exigencias del amor cristiana depende de las estructuras sociales y eclesiales y de los desafíos de cada época de la historia.

Al leer las exhortaciones evangélicas de la Regla a vivir la esencia de la vida cristiana, el Carmelo en América Latina ha tenido necesariamente que abrirse a la nueva dimensión social del amor cristiano, que ha llevado a la conclusión de que, en las circunstancias en las que vivimos, "no se puede de veras amar al hermano, y por lo tanto a Dios, sin comprometerse a nivel personal y en muchos casos incluso a nivel de estructuras con el servicio y la promoción de los grupos humanos y de los estratos sociales más desposeídos y humillados, con todas las consecuencias que se siguen en el plano de esas realidades temporales".

La dimensión social del amor no se opone a las manifestaciones individuales y asistenciales, que son necesarias, pero insiste en la línea de la promoción humana y, sobre todo, en la de loa transformación de las estructuras para que se haga justicia a los oprimidos. En otras palabras, va a la raíz misma de las dominaciones y opresiones sociales.

f) Lectura y relectura de la Regla desde los "Menores" (pobres)

Desde el principio, la Orden del Carmen lleva dentro de sí esta doble tendencia: deseo de soledad, de oración, de Dios, de lo absoluto; y deseo de realismo, de servir, de seguir a la Iglesia que se renueva, de estar aliado de los pobres, ser "mendicante". ¡Es la forma de ser fiel a si misma!

La Orden vino de Oriente para Europa, pasó de la soledad a las ciudades y a la mendicancia, de la vida únicamente de oración y trabajo manual al apostolado, En nuestro siglo, muchos carmelitas han venido de Europa para América Latina, de Occidente para Oriente. Vale la pena recordar los cuatro puntos que orientan la adaptación en Europa:

1. Realismo

2. La voluntad renovada de estar al lado de los pequeños, de los pobres.

3. El deseo de vivir en fraternidad una forma renovada de Vida Religiosa.

4. Fidelidad a la oración y a la mística. Fidelidad del ideal que Alberto propuso y al que los carmelitas desean ser fieles a través del tiempo y a pesar de todos los cambios.

Lo que llama la atención hasta hoy es la gran rapidez con que se multiplicó la Orden durante el siglo XIII en los distintos países de Europa. En poco más de 60 años, desde 1238 hasta 1300, fundaron más de 160 conventos y se establecieron prácticamente en todos los países de Europa. En la misma época nacían y crecían los Franciscanos, los Dominicos, los Servitas y tantas otras ordenes nuevas. En medio de este mundo en cambio, los carmelitas supieron presentar el ideal del Carmelo de tal forma que fuese ideal para la juventud de la época. De lo contrario, no se explica este rápido crecimiento. Supieron presentar el ideal carmelitano para los más pequeños de su tiempo.

Otra cosa que llama la atención es la fidelidad al origen y el coraje de vivir la tensión entre las dos exigencias: vivir la contemplación y vivir al servicio de los pobres. Esta tensión se manifiesta en la historia de los cuarenta años que acabamos de ver y se refleja de la historia que siguió después, durante la segunda mitad del siglo XII. La tensión encontró su expresión histórica en el coraje de Simón Stock y la decisión de Nicolás el francés de invitar a todos los hermanos a volver al Monte Carmelo. Y ambos eran superiores generales de la Orden.

Una tercera cosa que llama la atención es la creatividad que tuvieron de reencontrar el desierto del Carmelo entre los "Menores" de Europa. No se debe considerar la adopción de la vida mendicante como un abandono parcial del ideal primitivo, sino como una relectura radical de este ideal a partir de la nueva situación que vivían en Europa. La decisión de adoptar la vida mendicante, es la respuesta de fidelidad a lo que Dios les pedía. Nuestros primeros hermanos se dejaron cuestionar por la tradición y por los pobres, y quisieron ser fieles a ambos.

Es evidente el significado de todo esto para nosotros Carmelitas hoy, en América Latina. Nuestros primeros hermanos que fueron a hablar con Alberto, nos desafían e incomodan. Ellos son realmente los fundadores que hasta hoy nos desafían a recrear el mismo carisma en nuestra realidad.


g) Dimensión Misionera de la Regla del Carmen

Características del grupo que dio origen al surgimiento de la Orden del Carmen

Decálogo de los misioneros

1. NO ERAN CLÉRIGOS: Probablemente había uno que otro padre ente ellos. Más no era el aspecto clerical en el que ponen acento. Ellos no se colocan del lado de la Jerarquía o de los padres. No son estudiantes que se preparan para ser padres, son cristianos legos que se preparan para vivir el evangelio de manera radical. Esta es la razón profunda de su vida.

1. ESCUCHAR: La persona misionera es alguien con capacidad de escucha y diálogo, que sabe adaptarse a otras culturas descubriendo sus valores sin sentirse superior o superiora a nadie. Tiene convicciones profundas, pero no por eso se considera único poseedor o poseedora de la verdad.

2. EUROPEOS: No nacieron en el Monte Carmelo. Vinieron de Europa. Son personas que tuvieron coraje de tomar decisiones importantes en su vida y de abandonar su casa. Dejar la tierra, la familia, la casa, los bienes, todo por causa de El y se colocaron del lado de los pobres.

2. ACOGER: El misionero/a considera a la persona como centro de todo y aprende a valorar la hospitalidad y la acogida de las personas pobres. Por eso, gusta de la presencia del pueblo y ser rodeado por el.

3. PEREGRINOS: Es gente que se desinstalo, que camina, que no tienen tierra fija. Gente que busca y que vende todo para poder comprar un tesoro.

3. ASUMIR LA CRUZ: Misión, Cruz y Misionero/a forman un trío inseparable, como la vida de Jesús. No hay otro camino posible por recorrer. Dice Daniel Comboni que “la misión nace y crece a los pies de la Cruz”. La firmeza y la paciencia son frutos de una cruz aceptada con alegría.

4. ASCETAS: En oposición del lujo y la acomodación del clero y de los monjes, procuran imitar a Jesús pobre, en una vida de austeridad.

4. FIDELIDAD: La persona misionera sabe “aguantar” los momentos difíciles, sin desistir. Se hace presente cuando se necesita de él, porque sabe que su misión no tiene horarios.

5. PENITENTES: Procuran vivir la conversión que el Evangelio pide. Conversión que implica una nueva forma de vida.

5 PACIENCIA HISTORICA: la paciencia es una de las virtudes más misioneras. Caminar con un pueblo y colocarse en el ritmo de su historia, implica saber esperar con paciencia lo que va acontecer.

6. EREMITAS: Gente que dedica gran parte de su tiempo a la oración en soledad rumiando la Palabra de Dios.

6. PERSONA ORANTE: La oración alimenta cada día la fe de la persona misionera. La oración es la escucha de la Palabra de Dios, y de rumiarla el misionero/a aprende a construir el Reino, con perseverancia y coraje.

7. MENDICANTES: Muchos de ellos, antes de llegar al Monte Carmelo, debieron haber vivido de la mendicidad. Eran Pobres con los pobres.

7. AMAR SIN CONDICIONES: Encontrando a Dios y a Cristo entre los pobres, entre los que sufren y mueren, ya que ellas y ellos son los preferidos de Dios. Con ellos el misionero/a llena los caminos de Evangelio, amando, como Jesús.

8. MENORES: Dentro de la sociedad, ellos se sitúan no del lado de los grandes, ni del lado de los monasterios, pero si del lado de los pobres, los “menores”.

8. CREER EN EL DIOS DE LA VIDA: La fe en un Dios y el amor profundo y especial a Cristo sustentan al misionero/a. Sin fe no hay misión. De la fe nace la pasión por el anuncio del Evangelio, como buena noticia para las personas pobres.

9. FRAILES: A pesar de ser llamados eremitas, ellos vivían de cierto modo en comunidad, pues prometían obediencia a B. Expresaban a si la idea común de recrear entre el pueblo un nuevo tipo de fraternidad.

9. SOLIDARIDAD: El misionero/a no vive al margen de los problemas de su pueblo ni cae en actitudes paternalistas. Lleva en su formación una gran sensibilidad humana y social con un fuerte sentido de justicia y de verdad. Sabe que son las personas pobres las preferidas de Jesús, y a ellas se entrega sin condición.

10. EVANGELIZADORES: Sobre todo con la vida en medio de los “menores” (los pobres)

10. SER COHERENTE: La credibilidad del misionero/a se presenta con el testimonio de vida, hasta las últimas consecuencias. Necesita de mucha paciencia consigo mismo para comenzar de nuevo cada día sin desanimarse frente a los fracasos

Conclusión: Estos acercamientos a nuestra Regla desde la perspectiva latinoamericana nos hacen ver su riqueza y actualidad para responder a desafíos y exigencias nuevas para nuestra vida carmelitana teresiana encarnada en las diversas culturas. Los valores fundamentales de la Regla continúan teniendo validez pero hay que encarnarlos y vivirlos con los matices de los signos de los tiempos y de los lugares. De este modo, en medio de la búsqueda, hecha con fidelidad dinámica y creativa, descubrimos el valor y la actualidad de la experiencia de quienes nos han precedido. Una relectura de la Regla hecha con esta actitud está haciendo posible unir nuestra experiencia como carmelitas de hoy con la de nuestros antepasados que, guiados por el Espíritu, vivieron y nos transmitieron un carisma y una espiritualidad.

martes, mayo 01, 2007

Recla del Carmen: Ficha 2
La Espiritualidad de la Regla: La Regla vivida e interpretada por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz

Juventud Carmelita Ecuatoriana, Jucae

La Regla del Carmen:

Perspectiva, Espiritualidad y Relectura

Compilación y adaptación: Juan Arias Luna ocd

Ficha 2

La Espiritualidad de la Regla: La Regla vivida e interpretada por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz

2.1. Jesucristo

Dos dimensiones complementarias nos ofrecen nuestros padres Teresa de Jesús y Juan de la Cruz de la Cristología:

a) Cristología “descendente”: Jesús, revelador del Padre. Don total del Padre a la Humanidad. Léase bajo esta perspectiva los Romances. “Prenda” del amor del Padre, “única palabra” del Padre, el “Todo” de Dios, don irreversible” de Dios, mina insondable, misterio siempre “escondido”. Toda la fe ha quedado definitivamente “fundada” en Jesús (2S 22, 7). En este mismo capítulo explícita y repetidamente nos exhorta Juan: “pon los ojos sólo en él”, “óyelo a tu bien”. Actitud fundamental del cristiano

b) Cristología “ascendente”: Jesús, revelador del “hombre nuevo”. La más largamente expuesta por los dos doctores de la Iglesia, identidad del cristiano: “Den a entender lo que profesan que es a Cristo desnudamente; Dios no ha podido darnos mayor “regalo” que una vida que sea conforme a la de su Hijo, clave de lectura no sólo de Moradas sino de todos los escritos teresiano-sanjuanistas. “EL Crucificado”, abierto al Padre de quien recibe todo, y a sus hermanos a quienes comunica todo lo que recibe. “Esclavo de Dios..., y de todo el mundo..., como lo fue Él, Jesús. “Crucificado, el hombre que no se pertenece: “El que nunca tornó de sí”, “El que hace algún caso de sí no se niega ni sigue a Cristo”. Cristo se negó a sí mismo, no fue centro de sí.

Juan de la Cruz nos ha dejado un capítulo antológico: 2S 7, clave de lectura de todo el proceso de purificación en el seguimiento de Jesús, escrito como réplica a “algunos espirituales”, de quienes es muy poco conocido Cristo, y expresa la fundamentación cristológica de su propia doctrina. Junto con el pletórico verso “entremos más adentro en la espesura” (Cánt 36): entrar con Cristo en la espesura de la pasión y muerte para entrar con él en la espesura de la vida y resurrección.

Una y otro insisten en la centralidad de Cristo-hombre: quien lo traiga presente, “yo le doy por aprovechado”. Él encabeza sus primeros “avisos” para iniciar bien el camino con el “traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo...” (1S 13, 3). Y la culminación del proceso espiritual es participación plena en la filiación de Cristo, “unión hipostática” y la unión del creyente con Dios.

2.2. Palabra de Dios

La Biblia es la historia de la experiencia de Dios de un pueblo, abierta indefinidamente. Los fundadores del Carmelo Descalzo son espléndidos testigos de esta historia a nivel personal. Estos puntos pueden sintetizar su aportación a la Palabra de Dios vivenciada por el creyente:

a) Centralidad de la Palabra de Dios en el camino de cristificación. Afirmación ampliamente recogida por Teresa. Nadie puede ser excluido de la lectura de la Palabra. Experiencia “mística” teresiana de la comprensión de la Palabra de Dios.

b) Comprensión sapiencial de la Palabra. Criterio de comprensión “sapiencial” de la Biblia, la vida y el amor.

c) Necesidad del contraste de la experiencia personal con la narrada en la Biblia. “Canon de la verdad”, “porque en ella habla el Espíritu santo”. “Ve aquí [en la Biblia] pintada su seguridad”; “entendió ir bien guiada su alma”. Es el contraste con la Biblia, no con su teología, lo que pide a los letrados; “me aseguraba con la Sagrada. Escritura. “Ella no quería sino saber si eran conforme [sus experiencias] a la Sagrada. Escritura; “ninguna cosa han hallado [en su experiencia] que no sea muy conforme con la Sagrada. Escritura”. Interesantes los prólogos del Santo a Subida, Cántico y Llama y en su discurso sobre “el estilo que Dios lleva” en su relación con los creyentes con el siguiente principio: “habla Dios [en la Biblia] según lo principal, de Cristo y sus secuaces.

d) “Necesidad” de “decir” su experiencia con la palabra bíblica. Ejemplo supremo el Cántico espiritual sanjuanista, “vaciado” pero desbordándolo y ampliándolo con el Cantar de los Cantares, y tantos pasajes de su prosa. Sobrepasa las 1800 citas bíblicas. Aun en Teresa logra en Moradas una redacción empedrada de testigos y palabras bíblicas.

e) Necesidad de interpretar la lectura bíblica y autentificar la propia experiencia eclesialmente. Es, como hemos dicho, lo que busca Teresa en el diálogo con los “letrados”, o las constantes referencias sanjuanistas a lo que habla “el Espíritu Santo” en la Biblia, pero siempre sujetándose “al mejor juicio y totalmente al de la santa madre Iglesia”.

2.3. Oración

Experiencia abundante y abundantemente calificada de la centralidad de la oración en la vida carmelitana. Con la patente de origen: “Trato de amistad” (V 8,5), expresión de vida teologal. En la oración cuentan esencialmente las personas en relación, no las sensaciones psicológicas, los estados de ánimo, ni siquiera los fenómenos místicos auténticos. “Lo vivo de la oración”, el recogimiento en el Otro. De aquí la exhortación constante, encarecida: “mire que le mira”, “no os pido más que le miréis”, atención “a la viva imagen”, Cristo, y en vivo templo del interior.

Escuela de verdades, la de Dios y la del orante “y cómo haré que mi condición conforme con la suya”, con una fuerte dimensión teologal: “ya no somos nuestros sino suyos”, firme voluntad de “contentarle a él”. Lenguaje de amor, condición de Dios, único lenguaje que Dios entiende. Encuentro interpersonal dinámico y transformante.

Cuando Teresa inicia la pedagogía de la oración se refiere explícitamente a la exhortación de la Regla de “orar noche y día” o “sin cesar” (C 4, 2), en la que ve resumida su vida de carmelita. Dice que va a hablar de “algunas cosas necesarias”, que son de la misma constitución”. Consigna pedagógica: “La verdad te hace libre para amar”. Así trata de formar un yo relacional, el yo orante, en línea con el principio que ya había enunciado: “para que sea verdadero el amor y que dure la amistad hanse de [tienen que] encontrar las condiciones” de los dos, Dios y el creyente. Nuestro Santo subraya con insistencia la constitución del yo teologal, capaz de orar bajo todas las temperaturas. Dios mismo no mira otra cosa que la fe del que ora. Vale la oración en cuanto vivencia teologal, expresión de amistad y comunión, relación interpersonal.

Este principio debe tenerse en cuenta en la pedagogía del acto de oración, exigencia intrínseca de la oración-amistad, vida teologal. Principio también de discernimiento, así como para el contenido de la oración, lugar, tiempo, etc:”mirar en lo que aprovecha más”. Y Juan de la Cruz nos ha entregado preciosas orientaciones sobre los “medios” o “instrumentos”, contemplados siempre a la luz de la esencia de la oración: “para negocio de trato tan interior como este [de la oración]”, “aquel [lugar] se ha de escoger que menos ocupe y lleve tras sí el sentido”, “para que el espíritu sólida y derechamente vaya a Dios”. Acomodándose al orante concreto y a su proceso personal; y a la misma naturaleza de los “medios”: “no detenerse en el medio y motivo más de lo que basta”.

2.4. Trabajo

Ni en Teresa ni en Juan de la Cruz entra el trabajo en sus escritos doctrinales y, menos, como un elemento que caracterice el carisma. Sin embargo, ella vuelve sobre el tema con relativa frecuencia en sus cartas y en los escritos que regulan más directamente la vida ordinaria de las carmelitas. Y ha alargando el círculo destinatario de sus consejos a los descalzos. Justamente, refiriéndose a éstos, dice que es “importantísimo para los descalzos”, “que se ponga mucho (=que se insista) en el trabajo de manos, que importa muchísimo, y alude a lo que está en la Regla y Constituciones; “le pedí mucho que pusiese los ejercicios, aunque fuese hacer cestas o cualquier cosa..., porque adonde no hay estudio es cosa importantísima”. Recordando el primer encuentro con el P. Ambrosio Mariano, dice que, al mostrarle la Regla, le gustó mucho “en especial de vivir de la labor de sus manos”. Y añade: “yo estaba en lo mismo”.

Remite a San Pablo para evitar “pedir” y “ayudarse con la labor de sus manos” que “cada una procure trabajar para que coman las demás. Téngase en cuenta con lo que manda la Regla: que quien quisiere comer, que ha de trabajar; y con lo que decía san Pablo”. Hasta aconseja “contar lo que han ganado de sus manos..., para animarlas a agradecer a las que hicieren mucho”. “Este tener cuenta con la labor, dejado el provecho temporal, para todo aprovecha mucho”.

En la presentación de las beatas de Villanueva de la Jara destaca “el trabajo que tenían en ganar de comer, porque nunca quisieron pedir limosna”; “cada una trabajaba lo más que podía”. Hasta se recrea en el “estilo” de hilar de alguna monja, “según bracea”. También se hace eco en las cartas de las diversas labores de las comunidades. El trabajo está vinculado con la pobreza y la cuestión de fundar sus comunidades con renta o de pobreza.

2.5. Silencio-soledad

Dos términos muy próximos en significado. Con una clara tendencia a expresar vivencias del espíritu más que situaciones externas que, por supuesto, también recomiendan. En Juan de la Cruz, tanto el silencio como la soledad forman parte de un código lingüístico sumamente rico y esencial de su discurso espiritual. Lo señala ya el hecho de su emparejamiento con términos de densa significación: “recogimiento, silencio espiritual, desnudez y pobreza de espíritu”; “soledad y desnudez”; soledad y enajenamiento de todas las cosas”; “recogimiento y soledad”; “soledad y libertad y tranquilidad de espíritu”.

Muy frecuentemente encontramos estos términos en contexto de contemplación. La acción de Dios en la contemplación causa silencio del “discurso natural”, soledad y silencio contemplativo; “soledad y quietud de las potencias”. La contemplación introduce en “soledad sonora”. Soledad: presencia a Dios y soledad de todas las cosas.

Una atención especial merece la estrofa 35 de Cántico: En sentido negativo: Soledad como opción personal en que se quiso vivir. La define: “querer carecer por su Esposo de las cosas y bienes del mundo”. En sentido positivo: “quietud [en] en único y solitario amor del Esposo”. Soledad perfecta = perfecta unión, “sola y libre de otras afecciones”. En esta soledad sólo el Esposo “obra” y “la guía a Sí mismo”, “sin otro algún medio”. La soledad, “espacio” en el que realiza la unión con Dios.

Los dos doctores carmelitas hablan de la soledad penosa como una prueba muy fuerte de preparación para el matrimonio espiritual: “extremo de soledad”, “desierto y soledad”; experiencia de estar “crucificada entre el cielo y la tierra”; en la que nadie puede hacerle compañía, “como no fuese el que ama”. “Puesta alejadísima y remotísima de toda criatura”, “en una profundísima y anchísima soledad”, en un “inmenso desierto”.

Pero también ofrecen nuestros santos llamadas al silencio físico. Teresa se refiere al silencio “mayor” del que habla la Regla. En la tornera aprecia que “sea corta de razones [de pocas palabras]”, “es mucha virtud para porteras de estas casas”; “oír y responder”; “el mejor negociar es callar y hablar con Dios”. Juan de la Cruz nos ofrece un rico y sugerente florilegio sobre el silencio casi siempre en la relación fraterna en la vida comunitaria: “para ser religioso”; como fruto de un comportamiento adecuado. “El refrenar la lengua”, “se entiende no menos de la lengua interior que de la exterior”. Silencio respetuoso sobre la comunidad. Silencio comprensivo sobre lo negativo del prójimo. Abundantes llamadas a guardar “la lengua interior y exterior”; “Mejor es vencerse en la lengua que ayunar a pan y agua”.

2.6. Fraternidad

Principalmente Teresa ha destacado la fraternidad como rasgo caracterizante del carisma carmelitano, estrechamente también a la oración, con una misma pedagogía: la renovación del yo comunitario y orante: oración constructora de la comunidad; comunidad, escuela de oración. Fraternidad, iglesia doméstica, “espejo” de la comunidad eclesial. En resumen, personas adultas en relación con Dios y entre sí.

La conexión íntima entre oración-contemplación y fraternidad al servicio de la iglesia misionera, la captó lúcidamente Teresa desde el momento en que llegó a sus oídos la escisión protestante, como en enfrentamiento entre “letrados” y “espirituales”. De este signo de los tiempos arranca su propuesta de diálogo de éstos para que los primeros vitalicen su teología y los segundos teologicen su espiritualidad.

Y que el diálogo con Dios, la oración-contemplación -“los ojos en vuestro Esposo”—se convierta en el principio y en el horizonte de toda la labor misionera de la Iglesia. Dice el “coste” necesario para llegar a convertir en un “cielo” las comunidades que funda: “contentarse sólo de contentar a Dios y no hacer caso de contento propio”. De este modo, “estando encerradas peleamos por él”, predicamos con “obras”, miembros del “colegio de Cristo”. Marca con fuerza la dimensión teologal de la fraternidad, comunidad de Dios: “él nos escogió”, “el nos ha trajo” aquí”, “nos juntó aquí”, “él anda entre nosotras”, nos ha dado unos a otros como deudos”. Comunidad para: dimensión misionera: servir a la Iglesia; “vuestra conversación para provecho de las almas”, “para bien de la iglesia”. Sirviendo, se santifican, no se santifican para servir.

Y comunidades con un fuerte humanismo: “todas iguales han de ser iguales”, número restringido para fomentar las relaciones y el “estilo” de familia: “mientras más santas, más conversables con sus hermanas”, fuertes en la virtud y no “en el rigor”; alegres: “amiga soy de que se alegren”. Comunidades teresianas que irradian: “espejos de España” e imagen viva de la Iglesia primitiva.

Aunque el discurso sanjuanista es sobrio en este campo, su vida nos aparece luminosa y radicalmente comunitaria, generosamente consagrada a sus hermanas hasta en las más menudas circunstancias ordinarias. Pero nos ha dejado apuntes de sus querencias comunitarias. Desde el principio rector de la unidad de desarrollo del amor a Dios y a los hermanos, pasando por su aplicación en el corazón de la noche purificadora. Cautelas es un texto antológico para cimentar teologalmente la vida de la fraternidad. Pero su testimonio, en la hora de la verdad, vale por las páginas que no escribió: “Y adonde no hay amor, ponga amor y encontrará amor”. Colofón de su vida y de su doctrina, plenitud de sus “olvidos”: “Ame mucho a los que la contradicen y no le aman”.

2.7. Vida teologal (fe, esperanza, amor)

La sobria y densa referencia de la Regla a la vida teologal recibe espléndida iluminación en la obra sanjuanista. Como todos reconocen es el eje vertebral de su doctrina espiritual. Porque en las virtudes teologales encuentra respuesta a dos querencias profundas de su condición humana y de creyente: la necesidad de un purificación plena de su ser y de una unión de todo su ser personal con Dios trino. Fuera de la vida teologal no ve respuesta a estas dos esenciales, complementarias dimensiones de nuestra vocación humano-cristiana. Exigido este planteamiento por la vocación fundante de la vida humana: la unión, la participación de la vida de Dios. Siendo ésta “sobrenatural”, requiere “medios” sobrenaturales. Y “el único medio próximo de la unión con Dios es la fe, esperanza y amor”. Una realidad, las tres “andan en uno”. Nos dan y comunican al mismo Dios, infusiones divinas en acto, desde Dios, que nos capacitan para la respuesta. La gracia precede siempre al mandamiento, el don a la respuesta humana. “Es tanta la semejanza entre ella [la fe] y Dios, que no hay otra diferencia sino ser visto Dios o creído”. Todo peregrinaje de búsqueda, insatisfactorio siempre –“no saben decirme lo que quiero”- termina en la inmersión en la fe: se vuelve el alma “a la fe, como la que en sí encierra y encubre la figura y hermosura de su Amado”. “Fe fundada en Cristo”. Por eso, Juan de la Cruz nos hace trascender y sobrepasar todas las experiencias, hasta las ricas y auténticas, de Dios porque “no tienen que ver con Dios”: no son él. Sólo y siempre se produce el encuentro con Dios en fe. Un claro y relevante testimonio de su acompañamiento espiritual puede leerse en la carta 19: “sólo vivir en fe oscura y verdadera, y esperanza cierta y caridad entera”. ¿Por qué? Porque “hartas pruebas le tiene dadas Dios de que puede...”. La vida teologal es el vestido o disfraz, el traje del hombre nuevo.