lunes, abril 30, 2007

Regla del Carmen: Ficha 1
Perspectiva histórica de la Regla: "Aquellos Santos Padres Pasados"

Juventud Carmelita Ecuatoriana, Jucae

La Regla del Carmen:

Perspectiva, Espiritualidad y Relectura

Compilación y adaptación: Juan Arias Luna ocd

Ficha 1:

Perspectiva histórica de la Regla: "Aquellos Santos Padres Pasados"

Teresa de Jesús, fundadora del Carmelo Teresiano, preocupada y agradecida a Dios por la velocidad con que crecía el Carmelo, recomendó a sus seguidores fijar la mirada en “aquellos Santos Padres pasados” que iniciaron lo que hoy es la familia Carmelitana, más o menos, estamos hablando de hace 800 años atrás. Venerables y santos hermanos que nos dejaron un estilo de vida y una guía a la que llamamos Regla de Vida.

Pero antes supongo que quieres saber el por qué del nombre de Carmelitas, que tiene, como vas a ver, unas raíces largas y remotas en el tiempo.

Pues bien, el nombre de carmelitas hace alusión a un lugar geográfico muy preciso: el Monte Carmelo, que se asienta, como sabes, en la Bíblica Palestina. Una pequeña cordillera de unos 30 kilómetros de largo, que se adentra en la entraña de la Tierra Santa, desde el borde mismo del Mar Mediterráneo, en la ciudad de Haifa, que hoy es la principal ciudad industrial del nuevo Israel. Situada a unos 40 kilómetros de Nazaret, y 120 de Jerusalén.

El Monte Carmelo aparece ya citado en la Escritura. Y como en ella cada lugar tiene su significado propio, el del Monte Carmelo equivale a "Viñedo del Señor", o al vergel, el jardín hermoso de su propiedad. De ahí que en el Cantar de los Cantares se pondere la hermosura del rostro de la Amada comparándola al Carmelo (7,5), y que el profeta Jeremías (2,7) recuerde su tierra fértil dada en disfrute por el Señor a sus elegidos. O que para significar la desgracia del pueblo de Israel, diga el profeta Isaías que ha desaparecido el gozo y la alegría del Carmelo, del vergel (16,10).

1.1. El profeta Elías

Pero el nombre del Monte Carmelo va unido, sobre todo, a la figura ardiente del profeta Elias, que nos presenta el Libro de los Reyes. El vive en el Carmelo, en sus cuevas, y desde aquella soledad sale a defender con su palabra encendida la honra y gloria de Yhavé, al que olvidan los israelitas. Y en el Carmelo tendrá lugar el sacrificio que como reto a los sacerdotes de Baal, ofrece el profeta a Dios para demostrar que sólo El es el Señor de la tierra, al que se debe culto. (I Reg. 18). Y en el Carmelo, aprovechando la soledad acogedora de sus cuevas, seguirán viviendo sus discípulos cuando sea arrebatado a las alturas, dejando en herencia a Eliseo su espíritu, como éste le había suplicado. De manera que el Carmelo viene a recordar en la tradición bíblica el lugar de asentamiento y la escuela de los profetas. Como aún hoy llaman a una de sus cuevas, que es centro de veneración de los judíos y árabes.

Y fue, sin duda, esta solera de lugar acreditado para vivir como eremitas lo que atrajo hacia él a numerosos cruzados que, una vez conquistada la Tierra Santa, quisieron quedarse a vivir en ella. Ya sabes cómo fue aquello de los cruzados. Una que llamaron guerra santa y generosa, como si alguna vez la guerra pudiera ser ambas cosas...

El caso es que una numerosa juventud de la Europa cristiana se lanzó a la guerra para hacerse con la posesión de aquellos lugares, muchos dejaron allí su sangre. Y otros, una vez conquistada, quisieron gastar también en ella la propia vida, dedicada ya al servicio del Señor, y no de las armas. En concreto, Haifa, ciudad sobre la que se alza el Carmelo, fue conquistada en el año 1100, y está situada en las proximidades de San Juan de Acre, uno de los grandes reductos, y el último, de los cruzados por lo que vivir en sus inmediaciones daba cierta seguridad.

1.2. Unidos en comunidad

Al principio aquellos cruzados vivieron desperdigados, como verdaderos eremitas, ocupando las cuevas del Carmelo; pero poco a poco descubrieron la necesidad de agruparse, tanto para su defensa material del acoso de los árabes, como para su provecho espiritual, buscando una vida más ordenada y un gobierno más religioso. De modo que vino a ser primer superior Aymerico de Malafaida, al que luego sucederá otro hombre de prestigio llamado Brocardo.

Y aunque ya tenían libros y doctrina espiritual legada por los padres del Desierto y otros autores acreditados, solicitan al patriarca de Jerusalén, una Regla de vida, ofreciéndole previamente una serie de puntos sobre los que quieren recibir una orientación precisa. Es así como hacia 1209, Alberto, el referido Patriarca de Jerusalén, que vive en la vecina San Juan de Acre, les da una Regla para gobernar aquel cenobio en que se han agrupado los eremitas, junto a la fuente que llaman de Elías, en la ladera misma del Carmelo, en las proximidades de Haifa, donde se dan a la oración constante, al ejercicio de la virtud y el trabajo, a sostener el culto litúrgico y la veneración a María.

Lo substancial de la Regla y propósito de vida que el Patriarca les propone es:

· Vivir en obsequio de Jesucristo,

· armados de las virtudes teologales,

· en una escucha permanente de la palabra de Dios,

· teniendo en común todas las cosas,

· ejercitando la sobriedad, la abstinencia, el silencio,

· en sumisión humilde al Prior,

· ayudados por el auxilio y la corrección de los otros hermanos,

· compartiendo a diario con ellos la Eucaristía, el rezo de la Liturgia y la comida.

· Dedicados el resto de la jornada a la soledad, al trabajo manual liberador de tentaciones que trae la ociosidad.

Estamos, pues, en pleno siglo XII, y acaban de nacer los Carmelitas.

Pero ya puedes figurarte que aquella soñada paz y aquella vida tan hermosa no durarían mucho en tierra tan amenazada de guerras. Así que pronto los eremitas se vieron en la necesidad de emigrar si querían asentar su vida de quietud y contemplación, lejos de sobresaltos y guerras, y emigraron hacia Europa, de modo que hacia 1238 los encontramos ya asentados por muy diversos lugares como son Chipre, Francia, Italia, Inglaterra. Este paso provocó la necesidad de ajustar su vida a la nueva realidad en que se encontraban. De manera que se convirtieron en una de las Ordenes Mendicantes, que en aquel momento tenían también su nacer en Europa. Y puesto que venían del Carmelo, empezaron a llamarles sencillamente Carmelitas. Aunque el título justo con que ellos se acreditaban era el de Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo.

No sé si sabes lo que eso de mendicantes entrañaba propiamente, amén de lo que evidentemente significa. Y es que debían entregarse con solicitud a la predicación, a la extensión del Reino de Dios, por lo que su vida contemplativa comenzó a proyectarse en el apostolado que realizaban.

1.3. La Orden se consolida

Como era obligado, al asentarse en Europa y para legitimar su actividad frente a los recelos de quienes dudaban de sus derechos y origen, los carmelitas buscaron la aprobación de los Papas, sometiendo la Regla a su legitimación. Y así lo hace Honorio III en 1226.

Con el correr del tiempo y por razón de las nuevas necesidades originadas por la vida mendicante, tuvieron que pedir otras aclaraciones e incluso dispensas a algunos puntos de la Regla, como el de poder comer carne, para no ser gravosos a quienes les hospedaban en su peregrinar de predicadores. Lo que motivó las siguientes aprobaciones de Gregorio IX en 1229, y de Inocencio IV en 1245 y 1247.

El asentamiento de la Orden en Europa conoció las naturales dificultades que cabía proveer, pero poco a poco fueron venciéndose, contando con la ayuda de la Virgen de la que se acreditaron como grandes devotos aquellos primitivos religiosos. Basta con decirte que su expansión fue en aumento constante, y que llegaron a ser hasta 12.000 religiosos carmelitas a poco más de un siglo de su nacimiento.

1.4. La casta de donde venimos

El hecho incuestionable es que Teresa de Jesús, nacida en 1515, más de trescientos años del nacimiento del Carmelo en las cuevas del Monte, amaba su Orden y no sólo no se desgajó del viejo tronco, sino que procuró vigorizar sus raíces con nueva savia. Y su constante preocupación no era-otra que ser fiel a lo más original del mismo, reflejado en la Regla: El cultivo de la soledad, la vida de oración, el espíritu mariano. Y ahí están sus consignas grabadas a fuego en sus obras, en sus libros, recomendando siempre poner "los ojos en la casta de donde venimos", en aquellos santos padres pasados del Monte Carmelo, que en tanta soledad, y con tanto desprecio del mundo buscaban esta preciosa margarita de la contemplación.

Sí, la referencia a los pasados, a esos ermitaños del Monte Carmelo es frecuente y encendida en sus escritos. Y con ella alude tanto al profeta Elías, cuyo celo por la gloria de Dios ella revive; como a los profetas que han seguido viviendo en las cuevas del mismo Monte; como a los que al cabo de los siglos organizan propiamente la Orden. Por lo que defenderá a capa y espada la legitimidad de su intento, y protestará frente a quienes le achacan que inventa novedades, que ella no hace más que cumplir su Regla, y vivir a fondo la esencia del Carmelo.

Muchos son los institutos y congregaciones que se han formado al calor de la Regla, ya sea desde el carisma Teresiano, como del viejo tronco; lo cierto es que la Familia Carmelitana peregrina en este siglo XXI, no tiene que olvidar el legado profundo y actual que nos deja esta sencilla norma de vida, que nos coloca en lo esencial de nuestro carisma y en el legítimo aporte que debemos dar al mundo y a la Iglesia.

Aprovéchala y profundiza en su riqueza.

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