jueves, diciembre 13, 2007

Seguimiento de Cristo
en San Juan de la Cruz

Fr. Juan Arias Luna, ocd

1.- Origen y raíz

Brota del amor o enamoramiento de Jesucristo. En 1S(*), considerado como uno de los más exigentes, se enseña que la pretensión de imitar a Cristo es efecto del amor (1S 14,2). El amor es capaz en nuestro caso de hacer suaves los sufrimientos, el místico tiene experiencia de ello (1S 14,3). Cuando se acusa al Santo de ser demasiado exigente con la naturaleza, habría que tenerse en cuenta que no se cansa de repetir al principio del camino que si el hombre se decide de verdad a emprenderlo, encontrará en él grandes consolaciones: "Muy en breve vendrá a hallar...gran deleite y consuelo" (1S 13,7). Siempre que habla de los comienzos, jamás omite la alusión al enamoramiento, como origen del seguimiento de Jesucristo. En el mismo arranque de Cántico predominan esos sentimientos. Los vocablos "Amado", "gemido", "herido" y "salir" sitúan el libro en un contexto de amores, al mismo tiempo que dan razón del abandono de las cosas (Cf. C 1,16). Pero el gemido de la novia no cae en el vacío, hace a su vez gemir al esposo (C 13,9).

2.- Disposiciones fundamentales

El Santo está convencido de que muchos cristianos ignoran las exigencias radicales que implica el seguimiento. Uno de los objetivos de sus libros es precisamente clarificar un tema de tanta importancia: quitar "ofendículos y tropiezos a muchas almas que tropiezan no sabiendo, y no sabiendo van errando, pensando que aciertan en lo que es seguir a tu dulcísimo Hijo"(Dichos prólogo). Y explica enseguida su naturaleza, que consiste en "hacerse semejante a Cristo en vida, condiciones y virtudes y en la forma de desnudez y pureza de espíritu"(ibid.). Hacerse semejante a Cristo implica decidirse a llevar su cruz. El Santo resalta este punto con tal dureza que no deja de chocar con nuestra sensibilidad. Así aconsejará en cierta ocasión a una religiosa: "Crucificada interior y exteriormente con Cristo vivirá en esta vida con hartura y satisfacción de su alma" (Dichos 86).

Ha de quedar solitario en el corazón el deseo de Cristo: "Bástele Cristo crucificado, y con él pene y descanse"(Dichos 91);" ame mucho los trabajos y téngalos en poco por caer en gracia al Esposo, que por ella no dudó morir"(Dichos 93). La esposa quiere responder al amor del Señor, aceptando aquella cruz en la que él le demostró cuánto le quería.

¿Pero cómo llegar a tener estos sentimientos? Es el mismo Cristo quien nos los ha de infundir: "Si tú en tu amor, ¡oh buen Jesús!, no suavizas el alma, siempre perseverará en su natural dureza" (Dichos 30). El camino de la santidad es el camino del seguimiento y en él el único modelo es Jesús: "Nunca tomes por ejemplo al hombre...porque te pondrá el demonio delante sus imperfecciones, sino imita a Cristo, que es sumamente perfecto y sumamente santo, y nunca errarás "(Dichos 156).

Ni un mínimo afecto ajeno al Señor puede vivir en el alma:" Renúncielo y quédese vacío por él por amor de Jesucristo"(1S 13,4). Subida del Monte Carmelo es ascenso a Cristo, así como Noche es su luz deslumbrante, que ciega, hasta que la gracia consiga hacer de nosotros una naturaleza "simílima" a la suya. Cántico presenta la salida en pos de Jesús como un camino de amor: "Buscando mis amores" (C 3,1); y también describe las vicisitudes por las que atraviesa el amor hasta conseguir su madurez.

3.- Conceptos fundamentales sobre el seguimiento

Se inicia con un impulso de la gracia. Subida y Cántico lo entienden como una llamada de Cristo que conmueve lo más íntimo de la persona. Significa salida de las cosas. Pero el seguimiento no se constituye principalmente por la negación o huida del mundo, sino que más bien es preferencia por el Señor. El acento se pone en Jesús, el cual exige que todo el caudal del hombre se ordene a él.

La renuncia, sin embargo, se da, y supone un gran esfuerzo (1S 6-12). Es cierto que el enamoramiento de Cristo impulsa a ese vaciamiento, pero no por ello dejan de conmoverse las mismas estructuras de la persona. Se trata de una verdadera recreación. El seguimiento no es auténtico mientras la renuncia no alcance los centros neurálgicos del ser (1S 8,4). Supone, efectivamente, una lucha denodada contra los propios defectos (C 3,2). Exige también al discípulo el conocimiento de la vida de Cristo, que "debe considerar para saberla imitar" (1S 13,3).

Considerar en este caso equivale a contemplar, reflexionar, a compenetrarse con la existencia de Jesús. No es suficiente que la persona se deje fascinar por el bello programa de Jesucristo, es necesario sentirse herido por su persona. A esto se refiere el Santo cuando habla de la "inflamación de la voluntad": "con ansias en amores inflamada" (1N 11,1). La inflamación combustiona los apetitos, porque surge del amor infuso que Dios mismo derrama en el hombre (C 1,17). Después se da a conocer el origen de esta inflamación, que no es otro que el Espíritu Santo, a quien incumbe ahuyentar la sequedad del alma (C 17,2). El suscita los amores de la amada: "La inflama toda, y la regala y aviva y recuerda la voluntad, y levanta los apetitos, que antes estaban caídos y dormidos al amor de Dios" (C 17,4).

También el Espíritu con su dulce aura refresca las flores del jardín del alma. La inflamación del corazón crece. Primero es un deseo ardiente de amor, después es brisa suave que resucita y pone en movimiento, casi imperceptible, pero muy vivamente, las capacidades del hombre; otras, se siente como vino que enardece y deja sin reposo el corazón de la esposa hasta el encuentro definitivo: " A zaga de tu huella / las jóvenes discurren al camino / al toque de centella / al adobado vino / emisiones de bálsamo divino" (C 25). Bajo la imagen del vino inebriante se esconde el Espíritu, que el Padre envía al corazón de la novia para que anhele a Cristo (C 25,8).

Pero no hemos llegado al final, estamos todavía en la primera llamada de Jesús. Por ahora es suficiente que el discípulo tenga grabada en su mente su única pretensión, que el Santo resume en el siguiente lema: " Guardar la ley de Dios perfectamente y llevar la cruz de Cristo " ( 1S 5,8). El deseo de identificarse con el Señor presupone el conocimiento de su persona y de su vida. De este modo, el Santo pone implícitamente como base de su proyecto el Nuevo Testamento.

4.- Seguir a Jesús por el camino de la cruz

Poner los ojos en Jesús, seguir su camino, es un don de Dios. El seguimiento de Jesús tiene como punto de partida la invitación que El hace al creyente para que recorra su camino, “haciéndose semejante a El en vida, condiciones y virtudes y en la forma de desnudez y pureza de su espíritu “(Dichos prol.). Esto no se realiza sino a través de la cruz, que purifica e identifica con Cristo. Definido, en su existencia concreta, histórica, Dios-con-nosotros, el Crucificado, el hombre que no se pertenece, aparece como “camino de hominización” para el creyente. El, que “es harto viva imagen de Dios” (3S 36,3), y "conocedor de su condición" (3S 44,4), deviene, en cuanto imagen nuestra, camino de plenitud.

Esta centralidad de Cristo y de su seguimiento lleva al Santo a insistir continuamente en sus escritos en la necesidad de seguirlo "hasta el calvario y sepulcro"(Dichos 176), y hacerse semejante a él en todo. El seguimiento de Jesús no se realiza a través de un moralismo sofocante y engañador.

El Santo critica este moralismo por insuficiente y superficial; porque olvida la purificación profunda (1S 8,4; 2S 7,5). Frente a esto, o mejor, como raíz que sustenta y da valor a todos esos "ejercicios", propone su comprensión del "camino de la cruz del esposo" que es la desnudez espiritual (C 3,5), "el saberse negar de veras...dándose al padecer por Cristo y aniquilarse en todo "(2S 7,8).

Es la noche pascual que no se da al margen de la vida y de la historia; que se vive en el empeño por llevar a la práctica lo que el Padre nos ha revelado en su Hijo asumiendo la cruz de la abnegación evangélica. En el padecer que trae consigo la fidelidad a Dios y a la propia misión es donde el ser humano se va haciendo semejante a Jesús, "Dios nuestro, humillado y crucificado"(Carta 23).

Por ello "todo espíritu que quiere ir por dulzuras y facilidad y huye de imitar a Cristo, no le tendría por bueno" (2S 7,8). A la luz de la doctrina de nuestro Santo contemplemos a Jesús, fiel al proyecto del Padre y al anuncio del Reino. El nos orienta para poderlo seguir en el hoy y en el aquí de nuestra historia de creyentes comprometida en la nueva evangelización, ligada al sufrimiento y a la cruz como fuente de vida y de resurrección. La negación de nosotros mismos en la fidelidad a Jesús-camino, siguiendo su camino, nos exige determinarnos "de veras a querer hallar y llevar trabajos en todas las cosas por Dios" (2S 7,7).

(4-VII-2003)



(*) S = "Subida al Monte Carmelo", obra fundamental de San Juan de la Cruz, escrita aproximadamente desde 1578.

No hay comentarios.: